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La cocina y curiosidad

 


“La curiosidad mató al gato” o “quién pregunta, ya responde”, todos los refranes suelen tener su contrario. En este caso me quedo con el segundo, tal vez porque considero el método inductivo de Sócrates una muy buena manera de aprender.

No estamos hablando de una curiosidad malsana, aquella que está más cerca de la definición de chismorreo que de la de curiosidad, no.

La propia vida, el afán de supervivencia han hecho que la curiosidad sea la herramienta que los humanos hemos utilizado, durante siglos y siglos, para aprender, para evolucionar, para inventar

Aquella frase, que todos conocemos y que tal vez no la dijo Sócrates, sino Platón: “sólo se que no se nada”, recoge toda una manera de entender la vida y todo un sistema de aprendizaje basado en la “dialéctica” (objeto de trabajo, tal vez, en otro post...). Sólo reconociendo nuestra propia ignorancia podremos aprender, ya que ni el sabio más sabio de todos los sabios dispone del conocimiento absoluto, esta es la riqueza del método socrático: ponemos en duda lo que sabemos y lo que creemos que sabemos hasta que nos damos cuenta de que no lo sabemos todo, ¡entonces podemos aprender!

La cocina es un claro ejemplo, ¿Cómo se explica sino que las recetas se vayan mejorando?, que aparezcan nuevas técnicas? ¿Qué se inventen nuevos platos?, ¿Qué incorporamos otros ingredientes?

Los cocineros son personas curiosas: quieren avanzar: Continuamente están en diálogo con su yo interno, buscan conversar con su equipo para encontrar nuevos sabores, texturas, olores (otra vez, la conversación como media de aprendizaje). La cocina es un pequeño universo, un cosmos en miniatura donde toda la vida cabe, por eso es interesante utilizarla como campo de pruebas.

Los que alguna vez me habéis leído (mil gracias, desde aquí), sabéis de la curiosidad de mi hija por la cocina (la misma que tenía yo cuando veía a la madre trajinando con las cazuelas y sartenes), ¡esa naricilla que no se cansa de olfatear y aquella boquita de la que no cesan de salir palabras y más palabras, preguntas y más preguntas! Creo (tal vez sea amor de madre) que hubiera sido una muy buena pupila de Sócrates. Curiosidad y emoción son elementos esenciales del aprendizaje y los adultos las tenemos que recuperar. Aquí se llena totalmente de sentido la frase “mirar el mundo con ojos de niño”.

Cada pregunta requiere de una respuesta, que ,quizás, haga surgir una nueva duda y volvemos a empezar, así como cada vez que añadimos un ingrediente a una receta, el plato que cocinamos se va transformando, tomando forma, sin demasiadas complicaciones, no hace falta...Sólo necesitamos algunos utensilios y unos cuantos ingredientes básicos.

  • Si tengo que escoger una manera sencilla de cocinar: escojo el horno
  • Si tengo que escoger un recipiente: el barro

Horno y barro: cerebro y emoción. Uno cocina lentamente, con cuidado; el otro mima el interior, es el escenario ideal para una buena cocción, mantiene el calor.

  • Si tengo que escoger ingredientes: pocos pero buenos
  • Si tengo que escoger un plato: un asado

Ingredientes de calidad y asado: buenas preguntas y respuestas. Hemos saber qué ingredientes necesitamos y como utilizarlos.

Y a partir de aquí, sólo queda ir tejiendo la receta de la misma manera que conectamos conocimientos y los traspasamos.

Agua, aceite y sal, romero y tomillo, tomate, cebolla y ajos, la carne escogida y un buen chorrito de licor (vino, coñac...). Ganas de hacer pruebas: un día añadiremos setas, otro zanahoria, manzana o piñones... Curiosidad, emoción, ojos abiertos, manos que quieren tocar, nuevos aromas a respirar...

Y el horno que lo cocina todo, lentamente, respondiendo a las necesidades, cuidando el resultado y regalándonos un gran plato que nunca será igual que el anterior pero que siempre emocionará, cómo emociona aprender y descubrir, sobre todo si lo hacemos con ojos de niño.

Epílogo para los tiempos que vivimos

Hace unos días dos grandes personas y profesionales con los que he compartido 15 años (Salva y Neus, gracias siempre por vuestra entrega) me presentaban un proyecto de cambio. La frase con la que empezaron es con la que yo os dejo hoy:

“Cuando creemos que teníamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas”

Mario Benedetti

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