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El mundo en la mano



Tengo un primo que viaja sin viajar. Tiene mi misma edad y nunca, nunca ha hecho turismo. Únicamente se mueve para ir al pueblo, o para venir a vernos a Barcelona y en contadas ocasiones ha hecho alguna excursión por la provincia. Sin embargo, parece todo el contrario, ya que puede hablarnos durante horas de cualquier lugar del mi. Dice y, creo que esta máxima contiene cierta verdad, que él ya viaja sin viajar... Podría hacerlo: tiene una buena posición, una buena carrera, dinero... Lo que no tiene es ganas de hacer turismo. Es una opción que ha tomado, tanto válida como cualquier otro.

Si me paro a pensar, sé de tantas y tantas personas que nunca han viajado. Quizás, hubieran querido conocer otros lugares<A[lugares|sitios]> sin embargo, ya sea por<A[por|para]> el momento en que nacieron, el lugar<A[lugar|sitio]> o las circunstancias fue o es imposible para ellos hacerlo. Son personas que vivieron hace palabras años o personas que ahora mismo viven a nuestro lado.

Me vienen a la cabeza<A[cabeza|cabo|jefe]> mis abuelos y bisabuelos, sus amigos, a la gente del pueblo para los que el mundo empezaba y acababa donde nacieron. Gentes humildes, gente de la tierra, gente abierta y cálida. Gentes que en otoño se reunían en las casas a explicar historias mientras hacían castañas. Gentes que en invierno, cuando helaba, se sentaban cerca de la chimenea y explicaban historias. Gentes que, en los días de primavera, subían al “cerro el Pino” a merendar un humilde trozo de pan con embutidos de la tierra. Gentes que, en verano, iban al río a bañarse y a pasar el día. Buenas personas con manos rudas que explicaban la suya historia, con ojos llenos de la sabiduría de los grandes, con sonrisas de aquellas que calientan el alma.

Me vienen en la cabeza, todas aquellas personas que tenemos alrededor, en circunstancias poco favorables. Personas sobre las que nada sabemos, porque, sencillamente, no queremos saber. En personas que, si pueden ahorrar un poco, no será para hacer turismo, sino para ir a ver a la familia, a aquella familia que tienen lejos, que añoran, que necesitan. Personas cuidadoras, que sin darse cuenta se olvidan de sus deseos, dedicando la vida a otros...

Así como no se viven de igual manera la soledad querida y la soledad impuesta, no se lo mismo decidir no viajar como opción personal que no poder hacerlo viajar porque la vida no te ofrece esta oportunidad.

¿Si, hoy por hoy, no podemos visitar otros países, en lugar de lamentarnos, porque no viajamos sin viajar?

Existe otra forma de conocer países, regiones, paisajes, lugares<A[lugares|sitios]>; de descubrir tradiciones, culturas, formas de pensar; de emocionarnos con nuevos colores, sabores y sensaciones. Sólo tenemos que dar la mi a otras personas, ya sea porque han tenido la oportunidad de viajar o porque vienen<A[vienen|venden]> otras regiones.

Si compartimos tiempo, conversaciones y espacios con gentes que no son de aquí, podemos escucharles cómo describen su país, su pueblo, su ciudad. Podremos imaginar, con los ojos de los que son de la tierra, los colores de sus atardeceres, su mar, sus campos. Nos hablarán de olores, de tradiciones, de sentimientos. Nos hablarán de la cotidianidad de las gentes que vive allí, de sus creencias y de su forma de ser...

Si tenemos la suerte de disfrutar de unas horas en compañía de un amigo o familiar que ha visitado a tal o cual país, viajaremos con sus palabras. Seremos, entonces, unos turistas más, que pasean visitando monumentos, bosques o playas... Podrá revivir sus recuerdos, haciéndonos partícipes de los mismos. Podremos, tal vez, imaginarnos sintiendo aquello que él sintió, andando<A[andando|caminando]> por allí donde él andaba<A[andaba|caminaba]>...

¿Porqué<A[Porque|Para que]>, entonces, no crear nuestra propia Agencia de viajes no viajados? Si hemos encontrado a la persona que nos hará de guía (yo me pido a Rebeca Modino), ayudémosla a hacer de este viaje no viajado, una gran experiencia: investigamos un poco sobre el lugar<A[lugar|sitio]> que vamos a visitar; pidámosle que nos enseñe fotografías que ayuden a imaginar que estamos; acomodémonos para dejarnos llevar...

Sin embargo, aprovechamos también que vivimos en un mundo globalizado y acompañémonos de aquello que nunca puede faltar en un viaje: cocina de la tierra, platos tradicionales, pan, dulces y bebidas que acompañen la comida...

·        Si hacemos una ruta por los Pirineos, no olvidemos de poner en mesa<A[mesa|tabla]> el puchero o la girella y un arroz con carrilleras, coca y una Ratafía.

·        Si preferimos viajar a Castilla-León, nos tendremos que sentar acompañados de unas patatas a la importancia, una sopa castellana o un “cocido maragato” y unas “torrijas”, muy acompañado, de uno Ribera del Duero o un Rueda;

·        Si queremos volar lejos y aterrizamos en Ecuador tomaremos unas “humitas”, un ceviche, unas empanadas y de acompañamiento unos “patacones” y para beber, un “morocho”.

·        En caso de marcharse lejos, podemos escoger Sudáfrica y preparar sosaties, vetkoek y de postres melkter y un roiboos.

Os animo a probar esta nueva forma de viajar. Dedicad un día en cada lugar<A[lugar|sitio]> a alguien que conocéis os pueda llevar y soltaos. Hablad, preguntáis, cocináis, coméis. Sencillamente, disfrutad.

Porque<A[Porque|Para que]> la cocina se cultura y tradición, la cocina es calor<A[calor|rescoldo]> y hermandad; la cocina son olores y sensaciones. ¡Porque la cocina nos permite tener el mundo a la mi!

 

Cocinas del mundo

Pirineos

Castilla-León

Ecuador

Sudafrica

 

 

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